Palma con energía

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La producción de palma de aceite en Latinoamérica es una buena fuente para la generación de energía.

 

El sector palmicultor pasa por un momento de grandes transformaciones hacia la búsqueda de nuevos mercados. Después de incrementar su productividad, fruto de un trabajo erio y sostenible, ahora persigue lograr aumentos en la rentabilidad, lo que los productores han definido como “moverse de manera inteligente”.

 

“Confiamos en que a futuro todas las plantas extractoras se diseñen conceptualizando el negocio de generación de energía”, Jens mesa Dishington, presidente ejecutivo de fedepalma. El gremio llamó a los productores a asociarse para tener plantas de más volumen y muy tecnificadas para aprovechar negocios de valor agregado (como la energía) , pues en pequeña escala es poco viable apostarle a la biorefinería.

 

Adicional al ingreso económico por la producción de aceite, el uso de la biomasa para  generación de energía se convierte en una forma de seguir viabilizando la plantas extractoras, pues también será fuente de dinamización de otros negocios, lo que permitirá agrupar en un solo espacio varios eslabones de la cadena. cultivos, plantas refinadoras, fraccionadoras de aceite, producción de alimentos y cosmética, incluso el suministro de energía e insumos agrícolas (fertilizante natural).

La agroindustria de la palma de aceite es ante todo un negocio de energía.

Primero se ganó un espacio fundamental en el procesamiento de alimentos como un insumo tradicional, hace una década le apostó a la producción de energía líquida para automotores a través del biodiesel y ahora tiene sus ojos puestos en la generación de energía eléctrica a partir de biomasa.

Cifras recientes de la Federación Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite –Fedepalma– revelan que el año pasado la producción de aceite crudo de palma en el país fue de 1,27 millones de toneladas, producto de unas 500.000 hectáreas sembradas. Sin embargo, la proyección es que en el corto plazo la cosecha permita superar los dos millones de toneladas anuales, lo que implica un incremento de cerca de 800.000 toneladas respecto al promedio actual.

Es por esto que el sector atraviesa por un momento de grandes transformaciones que comienza con la búsqueda de nuevos mercados, pasa por el incremento en productividad y persigue aumentos en la rentabilidad, lo que los palmicultores han definido como “moverse inteligentemente”.

El presidente ejecutivo de Fedepalma, Jens Mesa Dishington, explicó que los desafíos hoy giran en torno a la logística no solo para mover el aceite de la planta al mercado, sino también para extraerlo, almacenarlo, venderlo o exportarlo. “Este sector se tiene que preparar para incrementar su producción total por lo menos en 40 % en los próximos 3 a 5 años en la medida en que el área vaya madurando eso sin duda son posibilidades para otros proyectos de valor agregado que hay que explorar y también un desafío que hay que atender en forma apropiada”.

La primera opción, dadas las limitaciones en el mercado interno, es colocar la cosecha en el exterior, es decir exportar, una opción que comenzó a explorarse en la década de los años 1990. Sin embargo, dados los altos costos de la comercialización internacional ésta solo es viable a largo plazo con una estructura de costos productiva muy distinta a la actual.

Ese es el reto que Jens Mesa asumió como líder gremial con el objetivo de impedir que los proyectos pierdan su rentabilidad. “Hay que hacer un trabajo mucho más fuerte en inversiones para adecuación de suelos, sistemas de drenaje y riego”, indicó el directivo gremil.

Además la Federación trabaja en planes sanitarios de la mano de la tecnología agroeconómica disponible en esa carrera por mejorar la competitividad. “Ese es el factor crucial para defender la sostenibilidad de este negocio a largo plazo sin importar que pase en los otros frentes, pues mientras algunos sean productivos podrán sobrevivir”, indicó Mesa Dishington haciendo referencia al papel del Estado en temas como la infraestructura y la logística hacia los puertos.

 

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Jens Mesa Dishington, presidente ejecutivo de Fedepalma

La bioenergía

El aprovechamiento de la biomasa es clave para el mejoramiento de la rentabilidad de la agroindustria palmera. El mundo ha venido favoreciendo en las últimas décadas las energías alternativas y renovables. Los palmicultores conocen bien el tema y tienen experiencia en este frente desde hace varios años, pues aprovechan el potencial de generación energética de la palma para mover sus propias plantas extractoras. La oportunidad está en que además de cubrir sus necesidades particulares valiéndose de la biomasa a través de la captura del gas metano o mediante la transformación de la fibra, el ripio, el cuesco y otros subproductos en energía, las plantas tiene mucho más de lo que necesitan, lo que se traduce en la posibilidad de vender a la red o exportar.

Jen Mesa explicó que en el pasado esa inversión en tecnología se justificaba hasta cierto punto porque solo con un poco de biomasa se movían las plantas. “Nosotros podemos producir siete veces la energía eléctrica que necesitamos para nuestro propio consumo”, aseguró. Esta relación revela la posibilidad innata de abrir una nueva línea de negocio, especialmente ahora que el país cuenta con un marco legal apropiado desde la expedición de la Ley 1715 de 2014, que se reglamentó recientemente.

Conscientes de esa capacidad algunas empresas han comenzado a hacer sus montajes para generar excedentes que se puedan aprovechar. Ya hay casos de compañías palmeras vendiéndole a la red en la costa norte, específicamente a Electricaribe, y otra en los llanos orientales que alimenta la Electrificadora del Meta. “Confiamos en que a futuro todas las plantas extractoras se diseñen conceptualizando el negocio de generación de energía”, manifestó Mesa Dishington, al tiempo que llamó a los productores a asociarse para tener plantas de más volumen y envergadura para aprovechar esos negocios de valor agregado, pues en pequeña escala es poco viable apostarle a la biorefinería.

Además del ingreso económico que esto significa, la generación de energía propia se convierte en una forma de seguir viabilizando la planta extractora, pues también será fuente de alimentación para otros negocios, lo que en últimas significa que se pueden agrupar en un solo espacio los cultivos, las plantas refinadoras, las fraccionadoras de aceite e incluso las de producción de alimentos y cosmética. Y, ¿cómo no sacarle el máximo provecho?, si al final del día, como dice Jens Mesa, “La palmicultura es una actividad a largo plazo, una vez uno arranca se queda en esto por lo menos 30 años”.

Biocombustibles

Una buena parte del incremento en las siembras de palma durante los últimos años se explica en la oportunidad de expansión que vio el sector a comienzos del milenio cuando el Gobierno decretó la obligatoriedad en la mezcla de combustibles fósiles con otros derivados de materia orgánica. Actualmente el porcentaje de biodiesel en el diésel petrolero es de 10 %, excepto en Bogotá y sus zonas de influencia donde continúa en 8 %.

Sin embargo, desde que se emprendieron los esfuerzos el Gobierno se trazó como meta alcanzar una mezcla de 20 % que se quedó en el papel, pues hace seis años no se avanza en este propósito. Es por ello que el sector palmero hizo un llamado a la actual administración para que cumpla lo acordado en 2012: “Hicimos los sacrificios económicos y los esfuerzos necesarios para subir la mezcla e incorporar a la gran minería que hoy hace uso del biodiesel como el resto de sectores en el país”, señaló Jens Mesa.

De acuerdo con el presidente de Fedepalma las metas que el Gobierno se trazó en el programa nacional de biocombustibles aún están pendientes, lo que ha significado para el sector altos volúmenes de producción que no están encontrando mercado. “Nos preocupan mucho las consecuencias porque, al ser este un cultivo de tardío rendimiento, están comenzando a madurar todas las plantaciones que se sembraron con el propósito de aportar a la generación de biocombustibles. Por ahora su alternativa es exportar”, explicó.

El líder gremial atribuye la falta de materialización de estas decisiones a desacuerdos políticos, especialmente alrededor del precio. “Necesitamos que algunos ministros, como el de Minas (desde donde se maneja buena parte de esta política), acepten que este programa es más que simplemente combustibles, pues tiene implicaciones ambientales, sociales, agrícolas y de seguridad energética. El Gobierno debe evaluar integralmente su posición frente a este tema y mirar ambas caras de la moneda para darle curso a esto. Hay que valorar todos los frentes, no puede ser que si esto no vale igual al petróleo no nos sirve, cómo es que esas bondades no son suficientes”.

Finalmente, Mesa Dishington recordó que ya se habían establecido para los empresarios del sector unas reglas de juego y se les dieron unas expectativas, pero la falta de una visión más holística les ha impedido desarrollar la industria que, a ojos del sector, es una de las pocas que se ha destacado en los últimos años a pesar de que está viendo frenada su posibilidad de crecimiento. “No podemos olvidar que Colombia no es un país petrolero, tiene algunos volúmenes pero cada día en menos proporción. Desarrollar fuentes renovables y alternativas es estratégico para el país, pero todo eso tiene un valor. Aun así, cuando se mira el costo frente a los beneficios hay una plena justificación para seguir apostándoles”, concluyó.

 

Los grandes retos y oportunidades

La agroindustria de la palma de aceite se enfrenta a la necesidad de ser más competitiva aún en medio de condiciones adversas que se salen de su jurisdicción. En zonas como los Llanos Orientales, que tomaron un liderazgo significativo en la producción nacional en buena medida por las perspectivas que se generaron en la década pasada por los biocombustibles, es especialmente difícil sacar la agropecuaria a los puertos de exportación. Informes de Fedepalma señalan que el alto costo de los trayectos en transporte vial hacen que salga incluso más barato traer el producto de Malasia o Indonesia.

El presidente de Fedepalma, Jens Mesa, es enfático en decir que aunque han mejorado las condiciones viales, en términos generales la infraestructura nacional aún es muy regular. “Uno pierde buena parte de la competitividad que pueda tener en ese esfuerzo”.

Otros temas que son fundamentales para el sector son las políticas económicas que se adopten, especialmente en beneficio del sector agropecuario; una tasa de cambio más competitiva, como la de los últimos meses, que incentive las exportaciones y seguridad jurídica en el mercado de tierras, pues aún no hay claridad respecto a la interpretación de normas, lo que desincentiva la inversión. “Ese balance es el que el inversionista toma para decidir si moverse o no”, aseguró el presidente ejecutivo de Fedepalma.

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